¿Qué les pasa a nuestros hijos que cada día estudian menos?


El fracaso escolar es cada día mayor, nuestros jovenes están desmotivados, se aburren en clase y aumentan de forma alarmante los casos de hiperactividad y deficit de atención. Nos miran con desdén si no sabemos manejar aparatos digitales, no colaboran en casa y se aislan, huyendo a su mundo virtual, mientras les regañamos por su comportamiento o bajas calificaciones.

Pero ¿Que esta pasando?, ¿Que estamos haciendo mal? ¿Que mundo les estamos legando? ¿Serán capaces de seguir adelante cuando les toque a ellos?

Los adultos nos miramos desconcertados unos a otros mientras nos hacemos estas preguntas, rodeados de jovenes con mentes sobre estimuladas a través de videojuegos, videoclips, consolas y un sinfín de terminales que vienen acelerando sus mentes desde niños. Probablemente, a la misma velocidad que vienen acelerándose, los ingresos de sus fabricantes.

Les hemos enseñado a jugar sin moverse, a soñar sin usar la imaginación, a sociabilizarse sin necesidad de otro ser humano y les hemos comprado mascotas, que vivían en una pantalla, Desde pequeños les hemos enchufado al único televisor que había en casa, para poder seguir con nuestras aceleradas y consumistas vidas, que por fin nos han permitido tener varios plasmas en casa, de forma que cada uno vea lo que quiera y no nos veamos entre nosotros.

Nuestros hijos viven aislados, en sus modernas habitaciones, pero a pesar de su aislamiento han perdido su intimidad, están omnipresentes en redes sociales, donde sus vidas son públicas, con todo el estrés que ello supone. Todos conocen sus opiniones, fotografías y aficiones, quienes son sus amigos, quienes dejan de serlo y lo que opinan de ellos todos los demás.

Les hemos permitido estar siempre localizados, de día, de noche, en el baño o en la consulta del dentista, les hemos enseñado a pedir telecomida y ellos, por su cuenta han aprendido a “bajarse” la música, juegos y películas que desean, en segundos. Cada vez que han querido algo lo han conseguido sin sacrificio, sin esperas, sin obstáculos. ¿Por que nos extraña, entonces, que no conozcan el esfuerzo, la paciencia o la perseverancia?. ¿En que faceta de sus vidas han necesitado estas importantes cualidades? Viven en el mundo de la inmediatez, “Lo quiero y lo quiero ya”. No conocen el esfuerzo ni el sacrificio, pero tampoco conocen, y esto es lo más triste, la satisfacción de la tarea bien hecha o el orgullo del triunfo. Sus vidas son fáciles pero anodinas y vacías. Siempre están cansados porque nada cansa más que no hacer nada. No tienen ambiciones ni espectativas, porque no ambicionan nuestras vidas.

Tal vez haría falta algo más que un “apagón analógico”, tal vez sería necesario un apagón general que nos devolviera a un tiempo en que los jóvenes estudiaban en torno a un bracero mientras la madre preparaba el puchero, a un tiempo en que se charlaba para comunicarse y la experiencia de lo vivido era motivo de orgullo y no un defecto que disimular. Un tiempo en el que el esfuerzo era ley de vida, los triunfos se celebraban con abrazos humanos, entre seres humanos y la palabra “amigo” era algo más que un enlace en la red. Tal vez entonces nuestros niños recuperarían la inocencia de los niños y nuestros jóvenes tendrian la energía, la inquietud y alegría que les son propios. Tal vez entonces, serían capaces de estudiar sus lecciones, para convertirse en los adultos que nosotros no hemos sabido ser para ellos.

Jeannette Verneuil. Aula 10.

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