EL SÍ DE LAS NIÑAS

¡Hola a todos de Aula 10! Aquí tenéis la ficha de lectura del siglo XVIII. No hace falta que la aprendáis con los nombres en negríta, pero sí con algunos de los ejemplos que están entrecomillados. Está muy completa y hay que sabérsela muy bien para el examen. ¡Ánimo!

 

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‘El sí de las niñas’ es la obra más representativa del teatro neoclásico del siglo XVIII. Se enmarca en la época de la Ilustración, movimiento cultural europeo que pretende impulsar reformas que modernicen la sociedad.

En España, coincide con el reinado de Carlos III, rey ilustrado impulsor de la creación de instituciones como la Real Academia de la Lengua.

Su autor, Leandro Fernández de Moratín, fue uno de los grandes ilustrados españoles y uno de los escritores neoclásicos más destacados. El sí de las niñas se estrenó en 1806 y tuvo un gran éxito, lo que indica que respondía a los gustos de la época.

En esta comedia doña Irene ha concertado el matrimonio de su hija doña Paquita, de 16 años, con don Diego, un hombre mayor adinerado. En realidad, la joven está enamorada de don Carlos, sobrino de don Diego. Cuando el joven conoce la identidad de su riva,l se marcha renunciando a su amor. Pero don Diego, al darse cuenta de  los verdaderos sentimientos de los jóvenes decide retirarse y aprueba el matrimonio de doña Paquita y don Carlos.

Los temas principales de la obra ya habían sido tratados por Moratín en otras de sus comedias: los matrimonios de conveniencia, pactados por interés y la crítica a la educación que entonces recibían las jóvenes, sumisas a la autoridad de sus padres (…”se llama excelente educación la que inspira en ellas, el temor, la astucia y el silencio de un esclavo”…).

Los personajes de la obra no son muy numerosos:

Don Diego es el personaje que interviene en más escenas y con parlamentos más largos. A él encomienda Moratín  el esfuerzo de arbitrar un desenlace característico de esta época: es la voz de la razón y del sentido común ( …”Esto resulta del abuso de autoridad, de la opresión que la juventud padece…”).Es un caballero franco, generoso y comprensivo (“Dígame usted, ¿no es cierto que usted mira con algo de repugnancia este casamiento que se la propone?”…).

Doña Irene es una señora avasalladora, que resulta egoísta. Su hablar, expresivo, está orientado hacia sus objetivos personales (… “ es hija obediente y no se apartará jamás de lo que determine su madre.”)

Doña Francisca o  Paquita es una muchacha obediente(“Haré lo que mi madre me manda y me casaré con usted”), pero que se siente culpable porque vive la emoción del verdadero amor, pero hacia don Carlos (…” Sí, diez y siete años y no cumplidos; pero ya sé lo que es querer bien y la inquietud y las lágrimas que cuesta…”).

Don Carlos es un joven instruido y sumiso ante su tío (…” y pedirle a usted no riquezas, ni herencias, solo su consentimiento y bendición…”). No es el típico galán barroco, fanfarrón y espadachín, sino que aparece como un enamorado respetuoso, dentro siempre de la cordura (…”ni la di a entender que casándose conmigo podía  aspirar a mejor fortuna…”).

Los criados (Simón, Calamocha, Rita) son confidentes de sus amos y, a través de sus diálogos dan a conocer datos importantes para el desarrollo de la obra (RITA: ”no hallamos otro que el de avisar a tu amo esperando que si era su cariño tan verdadero… no consentiría que su pobre doña Paquita pasara a manos de un desconocido”)

En cuanto a su estructura, la obra se divide en tres actos, planteamiento, nudo y desenlace como corresponde a la normativa clásica y respeta la regla de las tres unidades: de lugar ( toda la obra se desarrolla en una posada de Alcalá de Henares ;de tiempo, la trama de la obra dura diez horas; es destacable el hecho de que el desenlace ocurra al amanecer, con la “luz” del nuevo día; de acción, hay una sola acción, sencilla, que no distraiga de lo que realmente es importante en la obra.

Lenguaje:  El autor maneja con soltura el español moderno, con diálogos vivos en los que abundan las interrupciones, las expresiones coloquiales y en todo momento el habla educada.

La sintaxis es natural, hasta el punto de incurrir en algunos descuidos como el empleo reiterado de “con que ”o el laísmo (“… este casamiento que se la propone”; “ ni la di a entender”…)

Conclusión: La obra es una muestra relevante de la preceptiva neoclásica de entonces: verosimilitud de la historia, finalidad didáctico-moral y sobriedad estilística.

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